
Habíamos quedado en el hotel a las 10 pero yo quería llegar antes para prepararlo todo, le había prometido una sorpresa y estaba segura de que lo sorprendería. Lo había conocido una noche que había salido con una amiga. Creíamos que la que le gustaba era ella porque no dejaba de mirarla pero sin embaro se acercó a mí. Estuvo toda la noche hablando conmigo, contándome cosas de él, preguntándome por mí y al final me acompañó a casa y se despidió sin más. Creí que no iba a volver a saber nada más de él pero unos días más tarde me llamó para tomar un café. Durante varias semanas me llamaba habitualmente para quedar conmigo pero sin ir más allá, hasta que un día se lanzó. Lo había invitado a mi casa como otras veces, pero en esta ocasión se mostró bastante más cariñoso. Me pidió que me sentara junto a él en el sofá, me abrazó y empezó a acariciarme mientras hablábamos. Me sentía tan a gusto entre sus brazos que no quería moverme de allí nunca más. No sabía muy bien cómo pero había pasado de verlo como un posible ligue ocasional a ser alguien muy importante en mi vida, luchaba contra ese sentimiento porque estaba convencida de que él no me correspondía pero allí tumbada junto a él mientras me acariciaba empecé a soñar. Sus caricias pronto dejaron paso a suaves besos en el cuello y la cara hasta que se detuvo en mis labios. Me besó suavemente casi como si me acariciase. Llevaba tanto tiempo deseando ese beso que no pude esperar más, me senté encima de él subiéndome la falda y lo besé apasionadamente. Se sorprendió pero en seguida reaccionó deslizando sus manos por debajo de mi camiseta acariciándome la espalda. Desabroché su camisa mientras él iba bajando sus manos hasta llegar a mi culo. Me quité la camiseta y se quedó mirando mis pechos antes de empezar a besarlos. Me quitó el sujetador y acarició con su lengua mis pezones chupándolos y mordiéndolos suavemente. Moví mis caderas pegándolas a las suyas presionando suavemente sobre su pene, sintiéndolo debajo de mi, contra mi clítoris. Me moví lentamente excitándolo y excitándome mientras nos besábamos y nos acariciábamos. Desabroché su pantalón y bajé el bóxer dejando ver su grueso pene ya erecto. Lo acaricié delicadamente y, apoyándolo sobre mi tanga, lo froté contra mis labios humedecidos. Él deslizó su mano por debajo del pequeño trozo de tela y lo apartó para sentir el contacto de la suave piel sobre su pene. Lentamente lo introduje dentro de mi vagina sintiendo cómo se iba abriendo poco a poco a su paso. Pegué mi cuerpo contra el suyo y empecé a moverme rozando su piel con la mía, acariciando su torso con mis pechos, presionando mi clítoris contra su vientre y metiendo su pene cada vez más adentro. Mis caderas iban aumentando el ritmo, acelerando con cada embestida, cada vez me excitaba más y más al oir sus jadeos y sus gemidos, sintiéndolo dentro de mí, penetrándome, acariciándome, besándome... Cuando notó que yo llegaba al orgasmo gritó dejando que el placer nos invadiera a los dos al tiempo recorriendo nuestros cuerpos, nuestros músculos, cada fibra de nuestro ser. Nos quedamos abrazados acariciándonos y besándoos.
Después de ese día seguimos viéndonos, salíamos con mi amiga y con sus amigos y acabábamos en mi casa. Cada vez me sentía más unida a él, no era sólo atracción sexual, había más, me sentía muy bien con él, era muy divertido e inteligente y me gustaba estar con él, hasta que un día me llamó mi amiga y me dijo que el día anterior él la había llamado para tomar un café y acabaron en su casa acostándose juntos. Por lo visto él había tenido la iniciativa y le había dicho que le gustaba desde el primer día pero que la había visto inalcanzable y que por eso no le había dicho nada. Yo no entendía nada, ¿y yo?, ¿qué había sido yo? ¿una forma de llegar a mi amiga? ¿se había acostado conmigo para acercarse a ella?, ¿quién podía ser tan cabrón? ¿cómo alguien podía caer tan bajo y jugar así con los sentimientos de la gente?, sólo tenía que haberme dicho que le gustaba ella y yo lo habría ayudado, no tenía que engañarme, hacerme creer que yo le gustaba, que le atraía, que estaba conmigo porque quería... Durante unos días mi cabeza no paró de dar vueltas, tenía que hacer algo, decírselo, echárselo en cara, dejarlo, enfadarme, odiarlo, vengarme. Venganza, eso era lo que realmente quería. Lo planeé todo cuidadosamente, en mi mente imaginaba la situación una y otra vez hasta lograr atar todos los cabos. Por fin había llegado el día. Lo llamé para quedar con él, fingí no saber nada y le dije que quería darle una sorpresa, que había planeado una noche muy especial para él. No pudo decir que no, la intriga y la excitación eran más poderosas que su deseo por mí.
Cuando llegué a la habitación del hotel lo dispuse todo rápidamente. Primero me quité el vestido y me quedé en ropa interior, llevaba un sujetador y un tanga rojos y medias negras con zapatos de tacón de aguja, lo que más le ponía a él. Puse el vestido en un sillón que estaba al lado de la puerta junto con mi bolso y encima de una de las mesitas de noche coloqué dos foulards perfectamente doblados. Me tumbé en la cama y esperé a que llegara. Fue muy puntual, algo no muy frecuente en él y fui a abrirle la puerta con mi lencería y mis zapatos. Se quedó perplejo cuando me vio, Quiso llevarme directamente a la cama pero lo detuve. Nos quedamos de pie junto a la puerta besándonos y acariciándonos. Fui quitándole la ropa prenda a prenda mientras la iba colocando cuidadosamente sobre el sillón. Me alejé de él y me tumbé en la cama. "Ven" -le susurré. Se acercó a mí completamente excitado, se tumbó encima de mí y me besó. Fue descendiendo lentamente por mi cuello y por mis pechos, apartó el sujetador para lamer mis pezones y siguió bajando por mi vientre hasta mi tanga. Me besó por encima de la tela dejando que notara su cálido aliento a través del encaje. Con una mano lo apartó mientras con la otra acariciaba mis muslos separándolos para acceder mejor. Acarició con la punta de la lengua los labios abriéndolos para llegar al clítoris y jugueteó con él golpeándolo suavemente. Apreté los puños agarrando la colcha y dejé escapar un gemido. Introdujo un dedo dentro de mi vagina y otro en mi ano penetrándome y chupándome el clítoris al mismo tiempo. Mis piernas se tensaron, arqueé la espalda mientras me dejaba llevar por el placer intenso. Me aparté y me giré poniéndome boca abajo sobre mis rodillas dejando que me penetrara. Acarició con su pene los labios antes de metérmelo dentro. Junté las piernas apretándolo para sentirlo más aún. Me agarró por las caderas atrayéndome hacia él y moviéndolas al mismo ritmo que él. Sus gemidos eran cada vez más intensos, de repente paré y me aparté, él intentó agarrarme para seguir pero no le dejé. "Espera"-le dije, "quiero hacer una cosa". Le dije que se tumbara y me puse encima, "Quiero atarte"-le dije mientras cogía un foulard. Junté sus manos por encima de su cabeza y las até por las muñecas a los barrotes del cabecero de la cama. Lo besé "¿asustado?" le pregunté. Movió la cabeza de un lado a otro y me devolvió el beso. Cogí el otro foulard y lo puse sobre su boca amordazándolo. Bajé para colocarme encima de sus caderas y acaricié mis pechos, deslicé una mano por mi cuerpo deteniéndome en mi sexo y empecé a masturbarme mientras él miraba. Aparté el tanga para que pudiera ver mis labios hinchados, encarnados y húmedos mientras introducía mis dedos en mi vagina y acariciaba mi clítoris. Continué mientras iba excitándome, el ligero cosquilleo dio paso al estremecimiento, el placer iba aumentando, recorriendo mi cuerpo como una ola que me cubriese por completo estrellándose contra mí. Cuando me relajé agarré su pene, acerqué la punta a mi ano y lo introduje. Empecé a moverme excitándolo, primero lentamente para ir aumentando poco a poco el ritmo, observaba sus reacciones, su respiración, sus jadeos, la tensión de sus músculos y antes de que llegase al límite paré y me levanté. Se quedó desconcertado, intentó hablar pero no pudo. Me dirigí al sillón y cogí mi vestido, me lo puse lentamente mientras él intentaba desatarse tirando del foulard pero lo único que conseguía era apretar más el nudo. Cogí su ropa junto con su cartera, su móvil, las llaves y mi bolso, me giré hacia él, le dije "Ahora llámala para que venga a desatarte" y me fui. Salí del hotel con sus cosas en la mano, pensé en tirarlas en un contenedor pero preferí mandárselas por correo a su casa, no quería que me denunciara por robo.
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