jueves, 26 de agosto de 2010

DOS DESCONOCIDOS


Necesitaba urgentemente un vestido para una boda, como de costumbre lo había dejado para el último momento y ahora no encontraba nada que le gustara. Había ido a esos grandes almacenes pensando que ahí habría algo perro después de tres horas buscando y 10 vestidos probados empezaba a pensar que no lo iba a encontrar. Le dolían los pies y estaba aburrida así que decidió ir a la cafetería a tomar algo y a descansar un poco. Llevaba unos minutos sentada cuando vio entrar a un hombre realmente atractivo. Cuando pasó a su lado se cruzaron sus miradas y él le sonrió. Acabó de tomar el café y volvió a buscar el dichoso vestido. De pronto se fijó que en la sección de caballero estaba el hombre de la cafetería mirándola fijamente. Ella le sonrió y él le devolvió la sonrisa. Tenía una mirada penetrante y seductora y una sonrisa cálida y sensual. Siguió buscando entre la ropa intentando tranquilizarse, no sabía por qué pero se había puesto muy nerviosa cuando le devolvió la sonrisa. Se alejó un poco pensando que así la perdería de vista y se iría pero cuando menos lo esperaba se le acercó por la espalda y con una voz grave y susurrante le dijo al oído: "Te espero en los baños dentro de 5 minutos". El corazón le latía con fuerza dentro de su pecho, no podía creer lo que estaba ocurriendo y tampoco podía creer lo que iba a hacer, ir a los baños. Nunca había hecho algo así antes pero la excitaba la sola idea de hacerlo.

Cinco minutos después se dirigió a los aseos. El atractivo hombre la estaba esperando dentro, sonrió al verla , la agarró de la mano y entraron en el de hombres. La empujó contra la pared, cerró la puerta y la besó apasionadamente. Sus manos acariciaron su cuerpo por encima de la ropa mientras con su lengua exploraba su boca. Ella, tímidamente, empezó a acariciarle la espalda deslizando sus manos por debajo de su camisa. Al principio estaba nerviosa por si entraba alguien y los oía pero a medida que aumentaba su excitación fue olvidándose de dónde estaban. Él besó su cuello, con una mano bajó el tirante de la camiseta y siguió besándola hasta el hombro. Ella besó el lóbulo de su oreja y lo mordió suavemente notando cómo se excitaba. Él subió su falda y ella bajó sus manos hasta sus firmes glúteos apretando su cadera hacia la suya. Notó su duro pene contra su clítoris y gimió de placer. "Quiero que me la chupes" -le susurró al oído con voz ronca. Ella se sentó en la tapa del váter y le desaabrochó el cinturón y los botones del pantalón dejando que se cayera hasta los tobillos. Llevaba unos bóxer negros ceñidos muy sexys, deslizó los dedos por debajo de la goma de la cintura y los bajó dejando ver el gran pene que antes había sentido contra su cuerpo. Lo agarró con una mano y con la punta de la lengua lo recorrió desde la base hasta el glande. Bajó besándolo suavemente todo a lo largo para volver a subir lamiéndolo con toda la lengua humedeciéndolo con su saliva. Sus gemidos la excitaban. Jugueteó con la punta, chupándola suavemente, lamiéndola alrededor, besándola y volvió a subir pasando la lengua por todo su pene. Se lo metió en la boca mientras lo acariciaba con la mano acompañando cada penetración. "¡Oh! ¡qué bien lo haces!" -le dijo. Siguió chupándoselo mientras lo miraba a los ojos, podía ver su excitación en ellos. Empezó a acariciarle los testículos y al ver que eso le gustaba empezó a lamérselos y a chupárselos al mismo tiempo que acariciaba el pene con la mano. Él separó un poco las piernas y ella aprovechó para acariciar con un dedo desde sus testículos hasta el esfínter mientras volvía a meterse el pene en la boca y se lo chupaba. "Joder" -exclamó, ella continuó acariciándolo, acercándose al esfinter, rozando el borde, volviendo hacia los testículos y regresando de nuevo al ano para detenerse ahí, acariciándolo e introduciendo poco a poco la punta del dedo. "Para" -le pidió, la puso en pie, la giró y, levantándole la falda la penetró analmente. Se la metió hasta el fondo, con fuerza, agarrándola de la cadera y empujándola hacia él. Repitió las embestidas mientras ella gemía, "más fuerte" -le decía, "sigue, no te pares, métemela toda". Sus piernas temblaron, su espalda se estremeció, apretó los puños clavándose las uñas en las palmas y gritó de placer. Ella fue la primera en salir del aseo, afortunadamente no había nadie fuera. Se acicaló un poco delante del espejo y se fue.

Siguió su búsqueda un poco más hasta que decidió irse a casa. Bajó al parking y se dirigió a su coche. Allí estaba él, el mismo que hacia media hora estaba corriéndose dentro de ella. Se acercó a él y lo besó. "¿Al final encontraste el vestido?" -le preguntó cogiéndola de la cintura. "Si, compré uno muy bonito". Se subieron al coche y mientras salian del parking él le dijo: "Recuerda que tenmos que ir a casa de tus padres a recoger al niño".

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